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Senderismo con niños ¡Atrévete a disfrutar!

El senderismo con niños es una actividad muy gratificante y, con un poco de sentido común y ciertas consideraciones previas, es sencillo hacerlo realidad. El senderismo no tiene edad, cualquiera puede practicarlo, lo que supone una ventaja y un aliciente extra ya que puede practicarse en familia.

Elegir la ruta adecuada a nuestras condiciones físicas y experiencia previa es la principal consideración que debemos tener en cuenta a la hora de planificar una ruta de senderismo y, en especial, si la vamos a realizar con niños.

Los niños se sentirán estimulados por la naturaleza y su curiosidad natural se verá recompensada con el descubrimiento de lugares, plantas, animales, montañas o cualquier elemento que les llame la atención.

Junto al componente de entretenimiento está la vertiente educativa. Conocer de primera mano la naturaleza, recorrerla, tocarla, explorarla, ayudará a los niños a formarse y a aprenderán mucho más sobre el terreno que posiblemente a través de las páginas de un libro.

Si como ejercicio físico el senderismo es una actividad saludable para los adultos, también lo es, sin duda, para los niños.

A continuación os damos unos sencillos consejos que convertirán una ruta de senderismo acompañados de niños en la mejor de las experiencias.

 

Elegir una ruta adecuada

Lo más importante es elegir una ruta adaptada a la edad y forma física del niño. En este sentido, es muy importante si el niño va a realizar su primera ruta o tiene ya cierta experiencia.

Si es la primera vez que el niño va a realizar esta actividad es conveniente elegir una ruta corta y con mínimas exigencias físicas, es decir, empezar poco a poco. No debemos forzar a los niños y al menor síntoma de cansancio debemos ser cautos y regresar al punto de partida.

Si el niño (o niños) tiene ya una experiencia previa, ésta nos servirá de referencia para conocer su capacidad y aquellas cuestiones que en su día le resultaron entretenidas, por lo que conviene tenerlas en cuenta y buscar rutas que sigan esa línea con pequeñas variaciones que iremos incorporando poco a poco para que vaya descubriendo nuevas posibilidades.

Un aspecto clave en la adaptación de una ruta a los más pequeños es elegir la época adecuada para realizarla, evitando las inclemencias meteorológicas o el frío y calor extremos. Por lo general, suele ser recomendable planificar las salidas en primavera, pues es la estación en la que el tiempo atmosférico más nos acompañará. Siempre han de ir debidamente protegidos y con una vestimenta adecuada a la época del año escogida, debiéndose prestar especial atención a la protección solar en verano y al abrigo en invierno.

 

Descansar lo necesario

De nada sirve escoger una ruta apropiada a las capacidades de cada niño si luego vamos con prisa o no realizamos sobre la marcha todas aquellas paradas que sean necesarias, tanto para descansar como para que se alimenten e hidraten con frecuencia, extremo éste que nunca debemos descuidar y al que hay que prestar especial atención cuando vamos con niños.

En nuestras rutas con niños, son ellos los que marcan el ritmo. Será frecuente que quieran parar a observar cualquier cosa que encuentren interesante en el camino y debemos ser pacientes y entender que, para ellos, todo es nuevo.

 

Motivar a los niños

Si muchas veces cuesta convencer a los adultos para que se animen a compartir con nosotros alguna ruta de senderismo, también lo es cuando se trata de niños. Éstos a menudo se distraen con más facilidad, necesitan más estímulos para no “aburrirse” y poco o nada les importa el valor paisajístico del lugar que vayamos a recorrer o atractivo histórico, turístico, cultural o ecológico.

Para hacer de una ruta algo interesante para los niños debemos emplear otras estrategias, mantenerlos distraídos y convertir la experiencia en un juego más.

Debemos ser precavidos y evitar riesgos, pero simultáneamente hemos de entender que a los niños les gusta trepar, subir a los sitios más insospechados y descubrir nuevas sensaciones. Una forma de motivarles y de conseguir que se vayan superando en cada ruta es ayudarles a realizar este tipo de actividades de forma segura y, en vez de prohibirles que se suban a una roca o que crucen un riachuelo, conviene ayudarles a hacerlo de forma segura.

Otra forma de motivarlos durante el recorrido es contarles historias, hacer del entorno un cuento, hablarles del bosque, las hadas, los duendes o de aquella gruta misteriosa en la que vive el mago de la montaña,… Cualquier cosa es válida para mantenerlos distraídos, lo que ayudará a que avancen con fluidez y “vivan” una auténtica aventura.

 

Transportar a los bebés

Si los niños son muy pequeños y no saben caminar o lo hacen con cierta dificultad y torpeza aún, será necesario algún medio para transportarlos durante el recorrido elegido.

En ciertos recorridos puede ser posible emplear el típico carrito (mejor si éste cuenta con ruedas grandes). De no ser así, existen en el mercado distintos tipos de portabebés, mochilas adaptadas a esta función, etc… La elección de que producto resulta más apropiado dependerá de gustos personales y el consejo de profesionales.

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